Reclaman cambios en la resolución 543 de la Oncca

En el mercado de Rosario se comercializaron 60 mil toneladas de soja, una cifra importante, pero que habla de cautela. Sigue generando problemas la resolución 543, calificada como “una traba perfecta” para los mercados de futuros.

La salida del conflicto determina también necesidades, de los productores de vender, pero al mismo tiempo de las exportadoras, que estaban ya casi sin stock por lo que necesitarán comprar mucho para asegurarse la capacidad de molienda de sus fábricas para los próximos meses.

Campo en Acción dialogó con Rodolfo Gross, jefe del adelegación Paraná de la Asociación Cooperativas Argentinas, que resaltó la vuelta a la normalidad “pero en un ambiente general de mucha cautela”.

Para Gross “hay muchos puntos por analizar. El tema del Ejecutivo que autoriza al Ministerio de Economía a limitar los alcances de la 125, genera incertidumbre”

Este lunes en Rosario se pagó $ 980 la tonelada de soja con descarga., y con la retención del 35%.

“Hay varias dudas”, plantea el funcionario de ACA, todas relacionadas con el reclamo que puede hacer el producto: “El que vendió, a partir de cuándo puede pedir la aplicación de la alícuota”, expresó.

En ese marco de incertidumbre, se sumó el derrumbe del mercado de Chicago – ayer la soja bajó hasta los u$s 519 para agosto-, impulsado en forma negativa por las excelentes condiciones climáticas en el medio oeste de Estados Unidos, más el inminente retorno argentino a los mercados internacionales.

Para Rodolfo Gross hay que esperar la estabilización que deebría llegar en “los próximos días”.

La 543 de la Oncca

Mientras el campo cantó victoria, por la distensión producida, el gobierno no dijo ni mu de una herramienta clave y polémica: la resolución 543 de la Oncca. Esta fue dictada el 28 de mayo pasado y decreta nuevos requisitos para los exportaciones de granos.

Para el directivo de la Asociación Cooperativas Argentinas, la no modificación de la Resolución 543 seguirá “generando inconvenientes”.

La exportación de productos agrícolas se realiza mediante Declaraciones Juradas de Exportación, así lo dispone la ley Nº 21.453. Ahora bien, esta resolución llegó a imponer nuevas condiciones. Entre ellas crea un Stock Físico Exportable y un Encaje Exportador, pensado especialmente para el trigo.

Así, con la nueva regulación, la Oncca solo aprueba una exportación cuando el stock supera al encaje, que el número de toneladas que el Gobierno se asegura para abastecer al mercado interno.

De 360 días a 45.

Para concretar una venta con un comprador externo, los exportadores deben suscribir la declaración Jurada de Exportación. Antes de la 543 el plazo entre esa declaración jurada y la venta efectiva, es decir el momento en el que se cargaba el barco era de 360 días.

Pero las sucesivas subas de las alícuotas de exportación que el gobierno llevó a cabo en el último año, provocó un problema. Cuando se empezaba a especular con una suba de las retenciones, los exportadores se apuraban a declarar ventas para así asegurarse el pago de la retención más baja, antes de que llegara el aumento. Este vacío legal le hizo perder mucho dinero al Estado.

Entonces, para intentar contrarrestarlo, Ricardo Echegaray redujo el plazo de 360 días a 45.

Pero esa medida mata al sistema. ¿Por qué? Por dos razones, por un lado una buena parte de los compradores de los países importadores, especialmente China e India, busca concretar compras a un año, para poder asegurarse las necesidades básicas de grano y para resguardarse de la volatilidad de los precios.

Con la 543 los exportadores argentinos ya no podrán cubrir esa necesidad, ya que su plazo máximo de operación son 45 días. Así los expertos advierten que la Argentina podría convertirse en una suerte de “mercado secundario”, donde sus granos valdrían menos que precio internacional y solo se utilizarían para completar las compras realizadas en otros destinos.

El plazo de 45 días también mata el mercado de futuros local y quita al productor una herramienta de cobertura. Usualmente el productor siembra y vende una parte de su cosecha a futuro, para asegurarse un precio y cubrir de esa manera los costos de la inversión. Pero entre la decisión de siembra y la cosecha hay ocho meses. De esta forma la desición de inversión para el productor será más incierta y por ende más riesgosa.

Rodolfo Gross consideró por último “que se debe trabajar en modificar esta resolución, que se ha transformado en la traba perfecta” para que la actividad vuelva a la normalidad total.

Fuente: Campo en Acción

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